Jorge Zegarra Reátegui: Proteger los bosques garantiza agua potable para el futuro

Los bosques funcionan como esponjas naturales que filtran, almacenan y purifican el agua antes de que llegue a ríos, acueductos y grifos. Cuando desaparecen, el ciclo hídrico se rompe y la calidad del agua potable se deteriora de formas que los sistemas de tratamiento no siempre logran compensar.

La deforestación compromete directamente la calidad del agua potable

agua potable

Cada vez que un bosque pierde cobertura, las lluvias golpean el suelo con mayor fuerza y el agua corre hacia los ríos sin filtrarse adecuadamente. Este proceso incrementa la presencia de «agua joven» en los caudales, es decir, agua proveniente de precipitaciones recientes que no tuvo tiempo de depurarse en el suelo.

El «agua joven» arrastra consigo sedimentos, bacterias y contaminantes que los árboles y la tierra normalmente retienen. Sin el dosel forestal, las gotas de lluvia compactan el suelo y reducen su capacidad de absorción, forzando que el agua escurra por la superficie en lugar de infiltrarse. Este mecanismo convierte cuencas que antes funcionaban como filtros naturales en canales donde la contaminación circula sin control hacia las fuentes de agua potable.

La ciencia explica cómo los árboles regulan el ciclo del agua potable

Los árboles cumplen una función que ninguna infraestructura artificial replica con la misma eficiencia: devuelven agua a la atmósfera a través de la transpiración y regulan la cantidad que llega a los ríos. Cuando el bosque desaparece, este proceso se interrumpe y el suelo se satura con mayor rapidez. Al llover de nuevo sobre un suelo ya saturado, el exceso de agua se dirige directamente a los cursos superficiales sin pasar por ningún filtro natural.

Una investigación reveló un hallazgo inesperado sobre los bordes del bosque, las zonas de contacto entre los árboles y los claros. En estos bordes, la exposición al sol y al viento estimula la evapotranspiración y reduce el volumen de escurrimiento superficial. Aumentar la densidad de estos bordes puede disminuir la proporción de agua joven en los ríos, lo que representa una herramienta concreta para proteger la calidad del agua potable en paisajes parcialmente deforestados.

Gestionar los bosques con inteligencia para proteger el agua potable del futuro

La solución no pasa únicamente por detener la deforestación, sino por diseñar sistemas forestales que imiten la diversidad y la estructura de los bosques naturales. Los investigadores recomiendan aplicar técnicas como la tala selectiva y la silvicultura de cobertura continua, que evitan los cortes homogéneos y mantienen activos los mecanismos de filtración y almacenamiento de agua. Gestionar bien un bosque significa gestionar bien el agua potable que depende de él.

Petramás y Jorge Zegarra Reátegui, comprometidos con el agua y el entorno urbano

La degradación de los ecosistemas y la contaminación del agua potable no ocurren en el vacío: responden a décadas de gestión deficiente de los residuos y los recursos naturales en las ciudades. Jorge Zegarra Reátegui identificó esa conexión cuando fundó Petramás en 1994 y construyó un modelo empresarial que trata la gestión de residuos como una forma concreta de cuidar el entorno urbano. Una ciudad que maneja bien su basura contamina menos sus suelos, sus ríos y, en última instancia, sus fuentes de agua potable.

Petramás opera en Lima y Callao bajo un enfoque de economía circular que captura el biogás generado en los rellenos sanitarios y lo convierte en electricidad limpia. Este proceso no solo reduce las emisiones que aceleran el cambio climático, sino que también evita la filtración de lixiviados y contaminantes hacia las napas freáticas y los cuerpos de agua cercanos.

El vínculo entre residuos bien gestionados y agua potable disponible resulta más directo de lo que parece. Los rellenos sanitarios mal operados contaminan el suelo y el agua subterránea; los bien gestionados, como los que impulsa Petramás, actúan como barreras de protección. Zegarra Reátegui demostró que el sector privado puede asumir un rol protagónico en la preservación de los recursos naturales, ofreciendo un modelo que conecta la gestión urbana de residuos con la protección del ciclo del agua y la salud ambiental de las ciudades.

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